CAMBIOS EN LA EDUCACIÓN
SUPERIOR Y TIC
Los cambios que se dan en las instituciones de
educación superior presentan cuatro manifestaciones
que podemos considerar como respuestas desde la
práctica, de gran interés para comprender el fenómeno,
todas ellas interrelacionadas dentro de los procesos de
innovación:
CAMBIOS EN EL ROL DEL PROFESOR
Los cambios que se dan en la institución, entre los que
podemos destacar el impacto de las TIC, conducen
irremediablemente a plantear un cambio de rol del
profesor, de la función que desempeña en el sistema de
– Cambios en las concepciones (cómo funciona en
el aula, definición de los procesos didácticos,
identidad del docente, etc.).
– Cambios en los recursos básicos: contenidos
(materiales, etc.), infraestructuras (acceso a
redes, etc.), uso abierto de estos recursos
(manipulables por el profesor, por el alumno…).
– Cambios en las prácticas de los profesores y
de los alumnos.
enseñanza-aprendizaje en el contexto de la educación
superior. Comience el planteamiento por una reflexión
sobre este rol, o comience por la introducción de las TIC
en el proceso, habrá que afrontar el binomio rol del
profesor y papel de las TIC en la docencia universitaria.
Hay diversos autores que se han ocupado de las
funciones que debe desarrollar el profesor en los
ambientes de aprendizaje que explotan las posibilidades
de la comunicación mediada por ordenador. Mason
(1991), al igual que Heeren y Collis (1993), habla de tres
roles: rol organizacional, rol social y rol intelectual.
Berge (1995) los categoriza en cuatro áreas: pedagógica,
social, organizacional o administrativa y técnica. Por otra
parte, no todos estos roles tienen que ser desempeñados
por la misma persona. De hecho, raramente lo son.
Se suele aceptar que el rol del profesor cambia de la
transmisión del conocimiento a los alumnos a ser
mediador en la construcción del propio conocimiento
por parte de estos (Gisbert y otros, 1997; Salinas, 1999;
Pérez i Garcías, 2002). Se trata de una visión de la
enseñanza en la que el alumno es el centro o foco de
atención y en la que el profesor juega, paradójicamente,
un papel decisivo. Adoptar un enfoque de enseñanza
centrado en el alumno significa atender cuidadosamente
a aquellas actitudes, políticas y prácticas que
pueden ampliar o disminuir la «distancia» de los
alumnos distantes. El profesor actúa primero como
persona y después como experto en contenido.
Promueve en el alumno el crecimiento personal y
enfatiza la facilitación del aprendizaje antes que la
transmisión de información.
La institución educativa y el profesor dejan de ser
fuentes de todo conocimiento, y el profesor debe pasar
a actuar como guía de los alumnos, facilitándoles el uso
de los recursos y las herramientas que necesitan para
explorar y elaborar nuevos conocimientos y destrezas;
pasa a actuar como gestor de la pléyade de recursos de
aprendizaje y a acentuar su papel de orientador. En otros
trabajos (Salinas, 1997; 1998) nos hemos ocupado de los
requerimientos a los profesores en este ámbito.
Todo ello requiere, además de servicios de apoyo y
asesoramiento al profesorado, un proceso de formación
que conduzca a:
CAMBIOS EN EL ROL DE ALUMNO
Al igual que el profesor, el alumno ya se encuentra en el
contexto de la sociedad de la información, y su papel es
diferente al que tradicionalmente se le ha adjudicado.
Los modelos educativos se ajustan con dificultad a los
procesos de aprendizaje que se desarrollan mediante la
comunicación mediada por ordenador. Hasta ahora, el
enfoque tradicional ha consistido en acumular la mayor
cantidad de conocimientos posible, pero en un mundo
rápidamente cambiante esto no es eficiente, al no saber
si lo que se está aprendiendo será relevante.
Es indudable que los alumnos en contacto con las TIC se
benefician de varias maneras y avanzan en esta nueva
visión del usuario de la formación. Esto requiere
acciones educativas relacionadas con el uso, selección,
utilización y organización de la información, de manera
que el alumno vaya formándose como un maduro
ciudadano de la sociedad de la información. El apoyo y
la orientación que recibirá en cada situación, así como la
diferente disponibilidad tecnológica, son elementos
cruciales en la explotación de las TIC para actividades de
formación en esta nueva situación; pero, en cualquier
caso, se requiere flexibilidad para pasar de ser un
– Conocimiento y dominio del potencial de las
tecnologías.
– Interacción con la comunidad educativa y social
en relación con los desafíos que conlleva la
sociedad del conocimiento.
– Conciencia de las necesidades formativas de la
sociedad.
– Capacidad de planificar el desarrollo de su carrera
profesional.
alumno presencial a serlo a distancia, y a la inversa, al
mismo tiempo que flexibilidad para utilizar autónomamente
una variedad de materiales.
CAMBIOS METODOLÓGICOS
Muchos de los conceptos asociados con el aprendizaje
en la clase tradicional, pero ausentes cuando se utilizan
sistemas convencionales de educación a distancia,
pueden reacomodarse en la utilización de redes para la
enseñanza, dando lugar a una nueva configuración
formativa que puede superar las deficiencias de los
sistemas convencionales, ya sean presenciales o a
distancia. Lo que frecuentemente se ha procurado es
reproducir los modelos de enseñanza-aprendizaje
dominantes, y así encontramos muchos cursos y
experiencias que se basan fundamentalmente en el
modelo clásico de enseñanza-aprendizaje. Las posibilidades
de las TIC permiten reproducir de alguna forma
estos modelos, y en algunos casos puede entenderse que
ésta sea la opción «adecuada» (la oportuna combinación
de elementos tecnológicos, pedagógicos y organizativos).
Para Mason (1998), no se inventan nuevas metodologías,
sino que la utilización de las TIC en educación abre
nuevas perspectivas respecto a una enseñanza mejor,
apoyada en entornos en línea cuyas estrategias son
prácticas habituales en la enseñanza presencial, pero
que ahora son simplemente adaptadas y redescubiertas
en su formato virtual.
Así, por una parte, las decisiones ligadas al diseño de la
enseñanza vienen delimitadas por aspectos relacionados
con el tipo de institución (si es presencial o a distancia,
el tipo de certificación que ofrece, cuál es la relación de
la institución con el profesorado, de qué espacios físicos
dispone, etc.); con el diseño de la enseñanza en sí
(metodología de enseñanza, estrategias didácticas, rol
del profesor, rol del alumno, materiales y recursos para
el aprendizaje, forma de evaluación); con aspectos
relacionados con el alumno, usuario del sistema; y con el
aprendizaje (motivación, necesidades de formación
específicas, recursos y equipamiento disponibles…). Por
otra, las decisiones relacionadas con la tecnología en sí
implican la selección del sistema de comunicación a
través del ordenador o de herramientas de comunicación
que resulten más adecuadas para soportar el
proceso de enseñanza-aprendizaje. Estas decisiones
parten del conocimiento de los avances tecnológicos en
cuanto a las posibilidades de la tecnología para la
distribución de los contenidos, el acceso a la información,
la interacción entre profesores y alumnos, la
gestión del curso, la capacidad de control de los usuarios
durante el desarrollo del curso, etc.
En definitiva, diseñar un entorno de formación supone
participar de un conjunto de decisiones a modo de
juego de equilibrio entre el modelo pedagógico, los
usuarios –según el rol de profesores y alumnos– y las
posibilidades de la tecnología desde la perspectiva de la
formación flexible (Latona, 1996; Salinas, 1997b, 1999;
Moran y Myringer, 1999).
SUPERIOR Y TIC
Los cambios que se dan en las instituciones de
educación superior presentan cuatro manifestaciones
que podemos considerar como respuestas desde la
práctica, de gran interés para comprender el fenómeno,
todas ellas interrelacionadas dentro de los procesos de
innovación:
CAMBIOS EN EL ROL DEL PROFESOR
Los cambios que se dan en la institución, entre los que
podemos destacar el impacto de las TIC, conducen
irremediablemente a plantear un cambio de rol del
profesor, de la función que desempeña en el sistema de
– Cambios en las concepciones (cómo funciona en
el aula, definición de los procesos didácticos,
identidad del docente, etc.).
– Cambios en los recursos básicos: contenidos
(materiales, etc.), infraestructuras (acceso a
redes, etc.), uso abierto de estos recursos
(manipulables por el profesor, por el alumno…).
– Cambios en las prácticas de los profesores y
de los alumnos.
enseñanza-aprendizaje en el contexto de la educación
superior. Comience el planteamiento por una reflexión
sobre este rol, o comience por la introducción de las TIC
en el proceso, habrá que afrontar el binomio rol del
profesor y papel de las TIC en la docencia universitaria.
Hay diversos autores que se han ocupado de las
funciones que debe desarrollar el profesor en los
ambientes de aprendizaje que explotan las posibilidades
de la comunicación mediada por ordenador. Mason
(1991), al igual que Heeren y Collis (1993), habla de tres
roles: rol organizacional, rol social y rol intelectual.
Berge (1995) los categoriza en cuatro áreas: pedagógica,
social, organizacional o administrativa y técnica. Por otra
parte, no todos estos roles tienen que ser desempeñados
por la misma persona. De hecho, raramente lo son.
Se suele aceptar que el rol del profesor cambia de la
transmisión del conocimiento a los alumnos a ser
mediador en la construcción del propio conocimiento
por parte de estos (Gisbert y otros, 1997; Salinas, 1999;
Pérez i Garcías, 2002). Se trata de una visión de la
enseñanza en la que el alumno es el centro o foco de
atención y en la que el profesor juega, paradójicamente,
un papel decisivo. Adoptar un enfoque de enseñanza
centrado en el alumno significa atender cuidadosamente
a aquellas actitudes, políticas y prácticas que
pueden ampliar o disminuir la «distancia» de los
alumnos distantes. El profesor actúa primero como
persona y después como experto en contenido.
Promueve en el alumno el crecimiento personal y
enfatiza la facilitación del aprendizaje antes que la
transmisión de información.
La institución educativa y el profesor dejan de ser
fuentes de todo conocimiento, y el profesor debe pasar
a actuar como guía de los alumnos, facilitándoles el uso
de los recursos y las herramientas que necesitan para
explorar y elaborar nuevos conocimientos y destrezas;
pasa a actuar como gestor de la pléyade de recursos de
aprendizaje y a acentuar su papel de orientador. En otros
trabajos (Salinas, 1997; 1998) nos hemos ocupado de los
requerimientos a los profesores en este ámbito.
Todo ello requiere, además de servicios de apoyo y
asesoramiento al profesorado, un proceso de formación
que conduzca a:
CAMBIOS EN EL ROL DE ALUMNO
Al igual que el profesor, el alumno ya se encuentra en el
contexto de la sociedad de la información, y su papel es
diferente al que tradicionalmente se le ha adjudicado.
Los modelos educativos se ajustan con dificultad a los
procesos de aprendizaje que se desarrollan mediante la
comunicación mediada por ordenador. Hasta ahora, el
enfoque tradicional ha consistido en acumular la mayor
cantidad de conocimientos posible, pero en un mundo
rápidamente cambiante esto no es eficiente, al no saber
si lo que se está aprendiendo será relevante.
Es indudable que los alumnos en contacto con las TIC se
benefician de varias maneras y avanzan en esta nueva
visión del usuario de la formación. Esto requiere
acciones educativas relacionadas con el uso, selección,
utilización y organización de la información, de manera
que el alumno vaya formándose como un maduro
ciudadano de la sociedad de la información. El apoyo y
la orientación que recibirá en cada situación, así como la
diferente disponibilidad tecnológica, son elementos
cruciales en la explotación de las TIC para actividades de
formación en esta nueva situación; pero, en cualquier
caso, se requiere flexibilidad para pasar de ser un
– Conocimiento y dominio del potencial de las
tecnologías.
– Interacción con la comunidad educativa y social
en relación con los desafíos que conlleva la
sociedad del conocimiento.
– Conciencia de las necesidades formativas de la
sociedad.
– Capacidad de planificar el desarrollo de su carrera
profesional.
alumno presencial a serlo a distancia, y a la inversa, al
mismo tiempo que flexibilidad para utilizar autónomamente
una variedad de materiales.
CAMBIOS METODOLÓGICOS
Muchos de los conceptos asociados con el aprendizaje
en la clase tradicional, pero ausentes cuando se utilizan
sistemas convencionales de educación a distancia,
pueden reacomodarse en la utilización de redes para la
enseñanza, dando lugar a una nueva configuración
formativa que puede superar las deficiencias de los
sistemas convencionales, ya sean presenciales o a
distancia. Lo que frecuentemente se ha procurado es
reproducir los modelos de enseñanza-aprendizaje
dominantes, y así encontramos muchos cursos y
experiencias que se basan fundamentalmente en el
modelo clásico de enseñanza-aprendizaje. Las posibilidades
de las TIC permiten reproducir de alguna forma
estos modelos, y en algunos casos puede entenderse que
ésta sea la opción «adecuada» (la oportuna combinación
de elementos tecnológicos, pedagógicos y organizativos).
Para Mason (1998), no se inventan nuevas metodologías,
sino que la utilización de las TIC en educación abre
nuevas perspectivas respecto a una enseñanza mejor,
apoyada en entornos en línea cuyas estrategias son
prácticas habituales en la enseñanza presencial, pero
que ahora son simplemente adaptadas y redescubiertas
en su formato virtual.
Así, por una parte, las decisiones ligadas al diseño de la
enseñanza vienen delimitadas por aspectos relacionados
con el tipo de institución (si es presencial o a distancia,
el tipo de certificación que ofrece, cuál es la relación de
la institución con el profesorado, de qué espacios físicos
dispone, etc.); con el diseño de la enseñanza en sí
(metodología de enseñanza, estrategias didácticas, rol
del profesor, rol del alumno, materiales y recursos para
el aprendizaje, forma de evaluación); con aspectos
relacionados con el alumno, usuario del sistema; y con el
aprendizaje (motivación, necesidades de formación
específicas, recursos y equipamiento disponibles…). Por
otra, las decisiones relacionadas con la tecnología en sí
implican la selección del sistema de comunicación a
través del ordenador o de herramientas de comunicación
que resulten más adecuadas para soportar el
proceso de enseñanza-aprendizaje. Estas decisiones
parten del conocimiento de los avances tecnológicos en
cuanto a las posibilidades de la tecnología para la
distribución de los contenidos, el acceso a la información,
la interacción entre profesores y alumnos, la
gestión del curso, la capacidad de control de los usuarios
durante el desarrollo del curso, etc.
En definitiva, diseñar un entorno de formación supone
participar de un conjunto de decisiones a modo de
juego de equilibrio entre el modelo pedagógico, los
usuarios –según el rol de profesores y alumnos– y las
posibilidades de la tecnología desde la perspectiva de la
formación flexible (Latona, 1996; Salinas, 1997b, 1999;
Moran y Myringer, 1999).
Jesús Salinas
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/780/78011256001.pdf
muy buen articulo compañera, creo que cambios siempre van a existir y sera trabajo del alumno y el profesor tomarlos a su beneficio; como dicen todo cambia y se debe adaptar al medio.
ResponderEliminarbuana informacion lili, comparto contigo la idea que que los alumnos se tienen que hacer mas autonomos, para el proceso e interpretacion de la informacion......
ResponderEliminarmuy buen articulo lili me parece que todos deberiamos tener esa capacidad de autonomia, en particular en los casos de educacion
ResponderEliminaresta informacion es muy interesante ya que se relaciona con la tecnologia y la interaccion que se da en el aula profesor alumno ya que en un futuro puede servir para que los profesores sean innovadores!
ResponderEliminarcreo que estos cambios nos han venido a cambiar mucho nuestra educacion, ya que algunas beces nos ayudan y otras podrian perjudicarnos.
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